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Mar11

Amor a primera foto

No podía ser con otra con quien celebrase el día de los enamorados. El idilio con mi cámara se merecía eso y mucho más. Y cuando digo mucho más hablo, por ejemplo, del inenarrable placer de usar el hashtag #foreveralone un día en el que medio país presumía de amores vacíos y cenas en las que el sonido de la última notificación era lo único capaz de romper el incómodo silencio. Triste.

El día despertó con las hormonas revueltas, no sabía si romper a llorar en una lluvia torrencial o sonreír al Sol. Mientras el cielo decidía si dejaba en evidencia a los partes meteorológicos nosotros recorríamos, una vez más, la sierra de Grazalema. Para qué ir más allá si aquí tenemos todo cuanto podemos necesitar. Un café, una porción de tarta, una cámara y buena compañía. No se necesita más. Eso y, claro, el incomparable marco natural de nuestra sierra.

El atardecer fue estremecedor, casi divino. Como si Cupido hubiese decidido en el último momento cambiar el arco y la flecha de la pasión por un pincel y una paleta de colores cálidos, de los que encienden el alma y arrebatan corazones.

Si el ocaso fue espectacular no lo fue menos el aullido de la noche sobre Zahara de la Sierra. Las nubes arañaban el horizonte desgarrando una escena de película que se tornaba épica conforme el viento y el frío arreciaban. Y allí estábamos nosotros, una vez más.

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