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Mar19

Barrio Nazarí de Benaocaz

La Sierra de Grazalema y los pueblos encalados que la nutren de vida son el contrapeso perfecto para balancear los encantos de una provincia rendida al mar. Hasta aquí no solo viene la gente en busca de los inviernos blancos, de un poco de esa lluvia que apacigua las calles o de nuestra atractiva oferta gastronómica. Empaparse de un rico patrimonio histórico y cultural se convierte en una excusa ideal para visitarnos y el Barrio Nazarí de Benaocaz es un buen ejemplo de ello.

Encaramado a lo más alto de Benaocaz encontramos las ruinas, muy bien conservadas, de lo que antaño fuese un típico barrio nazarí distinguible por el diseño de sus calles y en el que aún se conservan algunas casas señoriales. El atardecer de finales de invierno desde estas viejas calles empedradas es una experiencia que justifica un viaje. La tranquilidad de este pueblo serrano a la hora del ocaso en este punto concreto se torna solemne, perturbada solo de vez en cuando por el ladrido de un perro en permanente estado de alerta.

El frío arrecia, las primeras chimeneas avivan el calor de los fuegos en una columna que se eleva hasta cubrir a los astros más madrugadores y ese caprichoso lienzo que es el cielo de la sierra se deja ver con una gama de tonos que la firmaría el más romántico de los poetas.

El Barrio Nazarí de Benaocaz, una visita obligada que puede completarse con el yacimiento de Ocuri, ya en Ubrique, y con un paseo por la calzada romana que una a ambas localidades vecinas.

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