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Mar08

NO8DO

La madeja de lana se descuelga de la bandera sevillana para trenzar un entramado de calles que discurren en torno a aquel río que ha cautivado a tantos poetas. “Para los barcos de vela Sevilla tiene un camino…” escribiría Lorca en su día. Queda ya lejos la nostalgia de las tardes frías y callejear por la ciudad cuando cae la noche se convierte en casi una obligación del sevillano y toda una experiencia para el turista.

Aquel día el corazón de la ciudad se partía en dos en torno a un campo de fútbol y las avenidas parecían más amplias y verdes que de costumbre. Sevillistas y Béticos enjuagaban en vino sus gargantas mientras nosotros paseábamos cámara en mano. Resultó más fácil de lo habitual vaciar los encuadres y jugar con las luces. Una lástima esa nube de polvo africano que cubría el cielo y que lo afeaba considerablemente. Volveré.

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