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Oct22

Atardeceres salados

Ni contigo ni sin ti. La relación del fotógrafo con su equipo es un continuo tira y afloja, un debate interno en el que la balanza nunca acaba de inclinarse hacia el ir cargado de cosas o llevar la mochila vacía. Cuando, como aquí, solo llevas la cámara y poco más suele ocurrir que se alinean los planetas, Orion cobra vida en el cielo y su cinturón se cierra tres tallas: surge la magia y no estás preparado.

Era un paseo, después de merendar e iba con lo puesto. De vuelta y con la tarde ya cayendo en ese punto en que las sombras se mueven con delicadeza y la luz te invita a sacar la cámara ocurre que el cielo se incendia y un caballo que por allí rondaba se decide a posar, imponente él. La escena era de película, de estas histórico-épicas. Del carajo para haber llevado un trípode y un filtro degradado.

Estoy muy contento con mi Vanguard Alta Pro 263 AT, de hecho lo tenía en el maletero del coche, pero por no cargar con él decidí no cogerlo. Uno pequeño, de estos que los puedes llevar en la mano o un bolsillo hubiese bastado para no perder la fotografía. La otra escena, la mía intentando sujetar la cámara al vallado usando de base la mochila y las correas también fue de película, de comedia más concretamente.

Para cuando logré hacerlo el caballo se había movido y comía con la cabeza abajo, casi no se le veía. La luz también había bajado considerablemente porque ya sabéis que a estas horas un minuto es un mundo.

Al final no quedó una postal fea pero pudo ser mejor. Para la próxima salida saldré con más material y no ocurrirá nada, ¿qué os apostáis?

PD: No le deis más vueltas al título, detrás del lugar hay unas salinas… en la sierra, sí.

 

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