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Sep23

Cazando estrellas con la cámara

La fotografía, además de una profesión, una moda o la excusa de muchos para rellenar la bio de la red social de turno puede ser la excusa perfecta para una reunión de amigos. Esto es al menos en lo que lo convertimos Javi, Pablo y yo estas dos últimas salidas nocturnas, cámara en mano en busca de la estrella perdida.

La primera cita, en la que pudimos cazar alguna estrella de las Delta Acuáridas era en realidad una encerrona. Que seamos amigos no quiere decir que no seamos malvadamente perversos entre nosotros. Estaba decidido, queríamos acojonar a Javi, sí. Habíamos elegido un buen lugar en la sierra gaditana, uno de los mejores para la observación y fotografía nocturna, alejado varios kilómetros de la civilización payoya: el Llano del Republicano, en Villaluenga del Rosario.

La idea era hacer fotografía, sí, pero además de los típicos bocatas de salchichón, refrescos y otros aperitivos de bolsa llevábamos un as bajo la manga. Con la madrugada ya entrada, los trípodes desplegados y los sensores de las cámaras pegándose un buen calentón pensábamos darle al play a un archivo sonoro un tanto especial y macabro, un programa de Iker Jiménez repleto de dramatizaciones de las que no proteje ni la mejor de las sábanas. No hizo falta.

Fotografiar estrellas es una empresa relativamente frustrante y si además pretendes fotografiar estrellas fugaces entonces es mejor que reces a todos los santos que conozcas. El equipo es básico, además de la cámara necesitas un trípode y si puedes un disparador remoto aunque no es estrictamente imprescindible.

Enfocar en ausencia de luz es imposible, tal cual, y no vale mover el barril del objetivo hasta el extremo porque hay unos milímetros de recorrido entre la marca de infinito y el extremo, suficiente para que las estrellas salgan fuera de foco. La mejor opción es pasar a live view, usar la maginificación de la imagen y enfocar en manual. Si hay luna será fácil observar cuándo estás enfocando bien. El problema del ruído aparecerá sí o sí. Hay que intentar no abusar del ISO.

Una buena pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez es cómo saber a partir de cuánto tiempo las estrellas dejan de aparecer como puntos para ser trazas. Para ello os remito a la regla del 500 en una breve explicación del fotógrafo Mario Rubio.

Comentados estos asuntos imprescindibles y más técnicos volvemos a la Operación Pasar Miedo. Javi vive en Sevilla, Pablo en Madrid y yo, aunque ahora estoy en Ubrique, he vivido años en Málaga, Córdoba y Granada. Con esto quiero advertir que aunque los tres somos de pueblo serrano (de El Bosque Javi y de Ubrique Pablo y yo) la ciudad no ha sido capaz de eliminar por completo nuestros pequeños conocimientos de supervivencia bajo encinas.

Sabíamos que podríamos encontrarnos con serpientes, con escorpiones, arañas… pero no hemos pastoreado rebaños en la sierra a las 3:00 de la madrugada en plena oscuridad. Serían las 12:30 horas de la noche, a dos kilómetros del coche y a tres del pueblo más cercano cuando empezamos a oir unos ruídos que no supimos identificar. Suponíamos que serían de algún tipo de pájaro nocturno como búhos, lechuzas o mochuelos. Da igual, la semilla del terror ya estaba plantada y Javi, el más sugestionable, ya estaba en alerta. Sin haber llegado a poner las dramatizaciones de Iker Jiménez, repito.

Estos sonidos que no llegábamos a identificar y que inocentemente adjudicábamos a cualquier especiel animal voladora no identificada eran realmente acojonantes. Eran mitad gritos, mitad llamadas de socorro y allí estábamos nosotros, en mitad de la nada, de un gigantesco llano flanqueado por montañas. Unos 20 minutos después de la entrada en escena de los primeros alaridos demoníacos Javi empezó a oir pasos a nuestro alrededor.

No es broma, escuchaba pasos rodeándonos, aunque supongo que sería cosa de la sugestión, porque ni Pablo ni yo escuchábamos absolutamente nada. El reloj marcaba la 1 de la madrugada y la inquietud, más que el medio, iba instalándose en los tres. Encendíamos las linternas más de lo deseable, para buscar el origen de esos misteriosos pasos, arruinando las fotografías de varios minutos. Llegó un punto en el que solo poníamos excusas para salir corriendo de allí… literalmente.

Sobre la 1:30 horas de la madrugada decidimos levantar el campamento y volver hacia el coche y la civilización. El Llano del Republicano está en una especie de valle, es decir, que de vuelta al coche teníamos que andar cuesta arriba 2 kilómetros. Lo de andar es un decir porque fuimos corriendo. Aun no sé por qué pero llegó un momento en que aquello parecía una escena de la mítica El Proyecto de la Bruja de Blair. Tres tíos como castillos en pleno parque natural, corriendo hacia el coche con unas pocas linternas, cuesta arriba y casi sin aliento.

En ese momento empezaron a aparecer los escorpiones en el camino. Cada 50 metros nos cruzábamos con uno o dos, así durante 2 kilómetros, de tal manera que íbamos corriendo cuesta arriba, cargados de cámaras, trípodes, mochilas, con dos linternas alumbrando a los pies y una al frente. Así hasta llegar aliviados al coche, entre risas nerviosas.

El resultado mereció la pena porque esto es fotografía. Fotografía es amistad, es afición, naturaleza… Fotografía es, en definitiva, lo que nos une a tantos. Por algo será.

5 Comments

  1. Miguel Díaz

    Muy buenas,

    La verdad es que no os conozco a ninguno de los tres pero sinceramente me habéis cautivado con la historia, haciendome pasar un buen rato, aunque sea a costa de esos miedos nocturnos. Tan buena la historia que ni he mirado las fotos mientras leía, que eran la razón por la que he llegado hasta aquí desde G+, pero bueno, al final las he repesado y al igual que la historia, fantásticas.

    Gracias por compartirlo y como digo hacerme pasar un buen rato leyéndolo.

    Saludos,

    1. Miguel Ángel Ordóñez

      ¡Gracias Miguel!

      La verdad es que después de varios años escribiendo para la gente en blogs como AltFoto o XatakaFoto ahora me apetecía más esto. Escribir para mi, de forma más personal y desenfadada.

      Saludos 🙂

  2. Pablo Romero

    Tenías que haber puesto en el tramo final la fotografía que saqué mientras subíamos.

    La verdad es que fue una buena experiencia la que nos echamos.

    Habrá que repetir.

  3. […] desafiar a la muerte entre vacas y escorpiones como si fuésemos suecos de calcetín y babucha para fotografiar unas pocas estrellas y con la adrenalina aun por las nubes, porque los valientes somos así de duros, decidimos doblar […]

  4. […] esta ocasión, como hace ya unos años, nos fuimos a fotografiar las Perseidas a Villaluenga del Rosario. A la ya habitual compañía de Luis Miguel Rodríguez y Eli sumamos al grupo a María, Montse, […]

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