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Nov13

La historia de mi fotografía más apreciada

Sí, son un par de pimientos pero son mis pimientos. Hace unos años le cogí el gusto a los concursos de fotografía por algo que os contaré algún día en otra entrada. En esta ocasión había decidido presentarme “en serio” al concurso de 5 al día, una asociación que promueve el consumo de frutas y verduras. Lo hice animado por unos suculentos premios en metálico aunque luego descubriría que los concursos merecen la pena por otros motivos que nada tienen que ver con el vil metal.

Esta foto, a la que creo que acabé llamando Yin-Yang Vegetal o algo así, surgió como las mejores ideas: a última hora y de casualidad. Aunque había pasado mucho tiempo barajando varias ideas para la fotografía a presentar el caso es que por unas cosas o por otras no acababa de decidirme por ninguna.

Quedaban unas pocas horas para que acabara el plazo de presentación de las obras y cuando ya casi había desistido (uno siempre anda dándole vueltas en la cabeza a las cosas aunque para otros solo estés viendo la televisión) llegó a casa mi padre con una bolsa de pimientos para cocinar que acabaron pasando por mis manos antes que por la nevera.

Vacié la bolsa en la mesa y me encontré con decenas de pimientos verdes y rojos, pequeños, del tamaño del dedo pulgar aproximadamente. Los estuve repasando, manoseando, dándole mil y una vueltas sin que estuviese buscando nada en concreto hasta que identifiqué dos que parecían hermanos pero de distinto color. Los cogí y la bombilla tardó menos de un segundo en iluminarse. La magia había surgido.

La fotografía, desde el punto de vista técnico, es profundamente defectuosa, pero me da igual o, como decimos aquí abajo, me importa un carajo. Cualquiera con un poco más de tiempo y equipo la hubiera mandado a la papelera de reciclaje. No me gusta cómo queda la cartulina negra (debí haberlos separado un poco más del fondo) y no me gustan los brillos quemados pero la fuerza del conjunto por el símbolo y por los colores me atrapa. Podría decir, aunque alguno se escandalice, que la técnica en la fotografía está sobrevalorada.

Me río yo de los pseudo análisis fotográficos que se pueden leer en algunos foros en los que cuatro iluminados critican auténticas obras de arte porque se ha cortado un dedo, parte del pie o la cabeza en una fotografía. A estos les aconsejo que se liberen del yugo de las normas y el corsé de la técnica.

No tenía ni flash ni trípode, solo una cartulina negra y un par de pimientos unidos entre sí por la magia de un palillo de dientes bien situado. Como había caído ya la noche y la luz de la habitación no daba para hacer la fotografía a pulso sin arruinarla con un ISO elevado tuve que tirar de flexo, de esos de escritorio. Imaginad la escena: El flexo quemando con su luz mi escena y yo buscando una posición cenital desde la que pudiese centrar los pimientos a la vez que evitaba el flexo en el encuadre. Dantesco.

Así salió lo que salió y fue finalista de aquel concurso. Creo que es mi fotografía más apreciada, con sus vicios y virtudes, más vicios que virtudes.

4 Comments

  1. Airam

    Totalmente de acuerdo, técnica sobrevalorada, yugo de las normas… No se puede explicar mejor.
    Un saludo

    Ah! y espero que esté enmarcada y colgada en un lugar de honor

    1. Miguel Ángel Ordóñez

      Si te digo la verdad aun no está en papel. Estoy esperando a repetirla “mejor” y de ahí podría sacar para imprimir una suerte de díptico. Podría quedar algo bonito.

  2. Ignacio J.

    ……………………Me río yo de los pseudo análisis fotográficos que se pueden leer en algunos foros en los que cuatro iluminados critican auténticas obras de arte……………..

    ¿De qué me sonará esto?

    La foto es coj*****, saludos.

    1. Miguel Ángel Ordóñez

      Que le pregunten a Vari… ¿no? 😛

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