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Dic18

Otoño en el Valle del Genal

Verano que dura, otoño asegura. Si habíamos de hacer caso al refranero popular, y atendiendo a las temperaturas que nos han acompañado hasta bien entrado el final del año, el otoño debería estar ya ahí, esperándonos despojado de cualquier vergüenza, oculto tal vez tras las casas de algún pequeño y olvidado pueblo de montaña.

Y fue así como fuimos a dar con él porque estaba allí el otoño, esperándonos, y estaba desnudo, cubierto de un denso manto que cambiaba caprichosamente de tono, del amarillo al ocre y del ocre a la sangre… sí, estaba desnudo porque es así como se desviste el otoño, con la elegante soberbia de quien se sabe observado.

Los pequeños pueblos que dan vida al malagueño Valle del Genal parecen haber sido colocados al azar, como si la semilla de la vida hubiese germinado allí donde cayera, en las faldas de una ladera o en lo más profundo del valle. Pueblos, todos, blancos como sus hermanos gaditanos de la famosa ruta encalada.

El otoño aquí es mágico, los castaños dan color a un paisaje en el que compiten en belleza dos inmensos parques naturales. Benalguacil, Júzcar, Alpandeire, Faraján, Benarrabá o Gaucín son solo algunos de los nombres de esos pueblos que, unidos por una pequeña carretera que serpentea osada entre las sierras, te hacen viajar hasta otra época o, por qué no, a otro mundo.

¿Y más allá del Valle del Genal? Más allá está Ronda, pero para ella, para la bella, necesito otro post.

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