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Mar10

Una vuelta por Segovia

He vuelto a hacerlo. He vuelto a dejarme caer por Castilla y León y es que esta tierra me está volviendo completamente loco por lo vasto de su patrimonio histórico y cultural. Nuevamente establecí Ávila como epicentro de mis escapadas castellano leonesas, esta vez dormitando intramuros. Ver nevar una tarde cualquiera, plácidamente desde el interior de uno de los innumerables y maravillosos negocios de restauración del centro de la ciudad, es un espectáculo digno de peregrinación. Si aun no os habéis dejado enamorar por los encantos de las calles que rodean al Mercado Chico que sepáis que #elchicomola.

Definitivamente tengo que hacer algo con el trípode. Necesito encontrar algo que no sea problemático a la hora de viajar. Tengo un Vanguard Alta Pro con el que estoy muy contento, la verdad, pero al que no puedo llevar de viaje porque, sencillamente, no entra en la mochila de la cámara o la maleta que llevo como equipaje de mano y, aunque entrase, pasear con él es un poco engorroso. Estoy barajando la opción de hacerme con un Gorillapod para este tipo de menesteres. Por cierto, de mi nueva mochila, de Crumpler, ya hablaré en otro momento. Volvamos al viaje.

 

Una foto publicada por Miguel Ángel Ordóñez (@maikuls) el

Esta vez el viento, que por estos lares parece ser el pan de cada día, me llevó hasta la cercana provincia de Segovia, donde ya había parado en la anterior visita. De Ávila a Segovia puedes ir, si es en coche, por la AP-51 o por la N-110. Yo recomiendo conducir por la nacional porque, al margen de que te ahorras el sablazo del peaje, puedes parar en el camino a hacer alguna foto en los pueblos que vas dejando al lado. Así puedes encontrarte, por ejemplo, con la impresionante Iglesia de San Sebastián en Villacastín, al lado de la carretera y hacerte una idea de lo que te espera el resto de la ruta.

En esta escapada segoviana hice dos paradas principales. La primera de ellas en un lugar recomendado por Sergio Perea: La Granja de San Ildefonso. La Granja aquel día era un pequeño Aspen. A unos 10 kms de Segovia y a las faldas de Navacerrada, la estampa era la de una localidad enterrada en nieve. El turismo, si es posible, hay que hacerlo entre semana porque te ahorras la superpoblación de iguales armados con cámaras y mapas. De La Granja no te puedes ir sin ver, al menos, el Palacio Real (de los jardines hablaré cuando no estén cubiertos por un denso manto blanco), donde descansa ni más ni menos que Felipe V. Aquí en la fotografía, una vista de la Real Colegiata de la Santísima Trinidad.

Como no se puede ir de viaje sin catar la comida propia del lugar os diré que almorcé en Casa Zaca unos ricos judiones y unas chuletitas de cordero. Los judiones, para entrar en calor después de pasar frío en la calle son la mejor medicina jamás formulada. Ni homeopatía ni leches… ni aguas. Contra el frío, judiones en Segovia. Por cierto, mis respetos al que tuvo la maravillosa idea de dedicar una plaza a la lectura, con libros a disposición de quien quiera en plena calle.

Una foto publicada por Miguel Ángel Ordóñez (@maikuls) el

Aunque la idea, tras abandonar La Granja, era ir hasta Sepúlveda, visto que se hacía tarde y la carretera amenazaba con dejar hielo a la vuelta, decidimos parar en Pedraza. No fue una decisión equivocada. Este bello emplazamiento medieval que asoma a un cerro en el que deben vivir no más de cien personas es otro de esos lugares que se ha de visitar alguna vez en la vida. A su castillo, por reformas, no se podía entrar, pero recorrer sus calles y su plaza principal da para ensoñaciones de pasados gloriosos. Aunque aquí no cayó más que un café, la presencia de tres o cuatro asadores de cochinillos deja una pista de cuál puede ser el plato estrella y la excusa para volver.

Buscad información sobre la noche de las velas en Pedraza. Tiene una pinta espectacular para nosotros los últimos románticos (no, no hablo de hacer pareados y regalar flores, hablo de una forma de estar en pie en éste, nuestro mundo).

Las escapadas de un día dan para lo que dan, aunque siempre se puede volver. Entre Pedraza y Ávila hay una decena de pueblecitos en los que parar, ver y caminar. Hasta ermitas a mitad del camino, en mitad de la nada, flanqueadas por ríos y árboles desnudos. La de La Virgen de Las Vegas es un buen ejemplo de lo que hablo.

Puede ser que vuelva en breve a Ávila para subir, esta vez, a Valladolid. Su Semana Santa es la excusa.

 

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